El Valle de los Reyes es un wadi seco en la orilla oeste del Nilo en Luxor, bajo un pico en forma de pirámide al que los antiguos egipcios llamaban la Cima, y es el motivo principal por el que la mayoría viaja a Egipto. Durante unos quinientos años, los reyes del Imperio Nuevo se enterraron aquí, excavados en la roca en lugar de erigir pirámides, y el resultado son corredores y cámaras con las paredes completamente cubiertas de pintura y relieve. Se han identificado sesenta y cinco tumbas y cámaras. Dieciocho pueden abrirse a visitantes, raramente todas a la vez, y una sola entrada permite visitar tres.
Lo que suele sorprender es lo pequeño del lugar. El Valle Este se recorre a pie en pocos minutos, los pasillos interiores son angostos y los dos mil quinientos años desde el último entierro les han pasado factura: casi todas las tumbas fueron abiertas y vaciadas en la antigüedad. Lo que queda es la decoración, así que conviene dedicar una hora a aprender los nombres antes de entrar, y no después.
Por qué aquí, y por qué así
La respuesta clásica al problema de las pirámides era que una pirámide señala el lugar del tesoro. La solución del Imperio Nuevo fue ocultar las tumbas en un sitio con una sola entrada y sin ningún hito visible, protegidas por una guardia especial y por la distancia al río. La cima sobre el valle tiene incluso forma de pirámide, y probablemente los primeros reyes que construyeron aquí leyeron el paisaje de ese modo.
Sólo unas veinte tumbas pertenecieron realmente a un rey. El resto son enterramientos de nobles, reinas y príncipes favorecidos, junto con escondites, pozos de embalsamamiento o cámaras de función discutida. KV5, la tumba que Ramsés II amplió para sus hijos, tiene más de 120 cámaras conocidas y se sigue excavando; al contrario, KV54 no es más que un pozo.
La roca influyó mucho. El valle se asienta sobre más de trescientos metros de caliza y roca sedimentaria más blanda, depositadas entre hace 35 y 56 millones de años, y sus capas cambian de calidad en pocos metros. El esquisto de Esna se expande con la humedad y separa la roca de alrededor, así que los excavadores adaptaban la forma y tamaño de la tumba según lo que encontraban; por eso a veces los planos giran sin razón aparente. Los propios obreros vivían en el pueblo de Deir el-Medina, en el siguiente wadi, y sus registros son tan precisos que sabemos cómo eran sus raciones, sus días de descanso y hasta de la primera huelga de la historia escrita.
Las formas y su evolución
Las tumbas de comienzos de la Dinastía XVIII descienden por un corredor y giran, a veces más de una vez, hasta llegar a la cámara funeraria en lo que se llama eje inclinado. El giro podría haber sido práctico, pero quizá imitaba el descenso del dios Sol al inframundo; las cámaras funerarias de estas primeras tumbas suelen tener forma de cartucho. Tras el periodo de Amarna los planos hacen quiebros en vez de curvas abiertas, como en la tumba de Horemheb, y en los siglos XIX y XX a.C. se vuelven rectos, casi sin pendiente.
La mayoría de tumbas tienen un pozo: un hueco excavado en el suelo del corredor. Empezó como barrera contra riadas y terminó como símbolo, manteniéndose en el plano aunque nunca se excavase, lo que indica hasta qué punto el ritual se volvió decoración.
La decoración sigue la misma línea. Las tumbas más antiguas recogen escenas del Amduat, el viaje del sol por las doce horas de la noche, y son austeramente pintadas. Desde Horemheb aparece el Libro de las Puertas, luego el de las Cavernas, más tarde el de la Tierra en la tumba de Ramsés III, con el Libro de los Cielos pintado en los techos desde la época de Seti I. El sentido sigue siendo el mismo: un mapa, pintado en las paredes de una habitación oscura, para guiar el viaje que debía hacer el rey.
Qué tumbas ver y cómo elegir
Tu entrada cubre tres tumbas en el Valle Este, a elegir en la puerta. Lo habitual es ir hacia los nombres famosos, pero la visita resulta más interesante combinando una tumba de cada época. Elige una tumba de eje inclinado, como la de Tutmosis III o Tutmosis IV, para el pasillo y la sensación de descenso; una de la Dinastía XIX por el colorido y el relieve; y una de finales de la Dinastía XX, como la de Ramsés IX o Ramsés VI, por la longitud y por los grafitis romanos y coptos, de los que KV9 tiene más de un millar.
Tres tumbas tienen entrada aparte. Seti I, KV17, es la que muchos planifican para todo un día, con sus relieves y su decoración a lo largo de un pasillo muy profundo; pero es también la que más suele inundarse y cerrar, así que conviene preguntar en la puerta antes de ilusionarse. Tutankamón, KV62, es pequeña, y lo que cuenta es estar allí, no el tamaño. Ay, en el Valle Oeste, requiere cruzar la cresta y casi nadie la visita.
El resto de los consejos prácticos son sobre el tiempo. Las puertas abren temprano en verano y los grupos en autobús llegan hacia las diez, así que las dos primeras horas valen más que las siguientes cuatro. No está permitido que los guías hablen dentro de las tumbas, y se pide a los visitantes recorrerlas en silencio y en fila, lo que tiene sentido en una sala del tamaño de un pasillo estrecho con cuatro mil años de pintura en las paredes.
Cómo llegar y el calor
La orilla oeste se alcanza en ferry público desde Luxor o por carretera a través del puente, y después en taxi, minibús, bicicleta o una larga caminata junto a los Colosos de Memnón. Todos los hoteles y cualquier conductor en Luxor ofrecen excursiones de día por la orilla oeste que incluyen el valle, el templo de Hatshepsut y los Colosos, la opción lógica si tienes sólo un día y no dispones de coche propio.
No hay apenas sombra entre el aparcamiento y las entradas, y el interior de una tumba se vuelve más caluroso conforme se llena de gente. Agua, un sombrero y terminar antes del mediodía son toda la estrategia. Y un aviso que debes tener presente en todo viaje a Egipto: el ataque de 1997 en Deir el-Bahari, donde murieron 58 turistas y cuatro egipcios, es la razón por la que la orilla oeste tiene la seguridad de hoy y por la que la carretera de subida está cerrada al tráfico privado.
El valle es el único lugar en Egipto donde el público forma parte del sistema: las tumbas son pequeñas, la pintura es frágil y todos buscan los mismos veinte minutos. Ve temprano, elige por época, paga por ver una tumba destacada en vez de tres corrientes, y deja el mediodía para el río.